«El tren te deja la libertad de robar un poco de intimidad»

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello

El italiano Paolo Casadio ha lanzado una obra que devuelve personajes a una historia de paisajes clásicos de la ruralidad italiana en su nueva novela «El niño del tren».

Comenzo su actividad literaria en 1982 con dos colecciones de poemas en los que utilzó el dialecto de su infancia, pero en la base de este amor por la literatura había una investigación sobre el archivo histórico relacionado con revistas y periódicos, que su padre le enseñó a amar. Estas micro historias le revelaron su pasión de contar. Las historias diarias se fundieron en una gran historia, que le fascinaron cada vez más y se convirtieron en el tema de sus novelas.
El autor nació en Ravenna en 1955. Vive en Gódo, un pequeño pueblo cercano a su ciudad natal. Publicó «El cuarto verano» (2015), por el cual obtuvo numerosos premios. Hoy llega con su primera obra en español.
La nueva historia de Casadio comienza en 1935, con un viaje y el tren como un progagonista más. Una pareja va rumbo a Fornello, un pueblo perdido en el norte de Italia donde van a establecerse ya que él será el nuevo jefe de la estación de tren. Ella está embarazada de seis meses.

– ¿Qué hay de su Ravena natal y de su actual lugar de residencia en esta obra?
Nada de mi ciudad, pero sí de muchas ciudades y localidades de la Emilia Romagna. La novela empieza en Faenza y cuenta la historia de una familia que se muda a un sitio ubicado en la frontera entre Romagna y Toscana. La vía del tren atraviesa y une estas dos regiones.
Hay mucho de la región de Romagna también en los habitantes de Fornello y su Valle. Para describir la vida cotidiana de una comunidad rural en los años ’30 me he basado en los cuentos y anécdotas que me contaba mi abuela, nacida en el 1908, cuando yo era niño y muy curioso.

– ¿Qué imagina que cuentan los paisajes de quienes los habitan?
– Hay cierta vida propia y personal en los pequeños pueblos de Italia. Esto sigue siendo de este modo. Sitios en los que uno cree que se abre una realidad paralela.
Los paisajes y las casas, revelan mucho de quienes los habitan o han habitado. Fíjese en un paisaje de montaña con las viviendas incrustadas en la roca y con las ventanas orientadas al sur y las terrazas en el terreno para aprovechar la superficie de cultivo. Estos rasgos ya atestiguan la necesidad, la necesidad de aprovechar al máximo la tierra y el alrededor, y por supuesto hablan de gente pobre. Si entramos dentro de las viviendas, los muebles o su ausencia, los vestidos, muchos o pocos, pueden revelar el tenor de la vida. Cada lugar creado por el hombre comunica indicios sobre las personas y preserva materialmente la existencia, retiene de alguna manera el alma de esas personas. En los pequeños pueblos en Italia aún existe esta dimensión que se ha perdido en las grandes ciudades. Al recordar los cuentos de mi abuela que vivió en el campo cerca de Ravenna, parece que todo el mundo estaba allí, en Fornace Zarattini, y que todas las personas que allí vivían componían una especie de enciclopedia humana. Cada uno con su historia, a veces un cuento de hadas o un cuento misterioso. La interpretación de la muerte, que dependía del escaso conocimiento de las causas, se volvía un ejercicio de fantasía que enlazaba supersticiones con tentativas de diagnosis consolatorias.

– ¿Sabe que en Argentina existen más de 6000 estaciones de trenes abandonadas? Cuéntenos qué lo inspiró este hallazgo de la estación de Fornello… ¿Cómo se encuentra hoy?
A decir la verdad, no sabía que en Argentina hay tantas estaciones abandonadas: ¿tal vez me está diciendo que podría hallar inspiración para otras 6000 novelas? La idea de ambientar una novela en la estación de Fornello ha nacido por casualidad, leyendo en la web las memoria de Marcello Peranizzi que nació allí en 1949. En aquellas líneas había un mundo perdido hecho de simplicidad, silencios, ritmos naturales y personas pobres. Y yo siempre me enamoro de mundos perdidos. Lástima que hoy la estación de Fornello esté abandonada, el techo empieza a ceder y los vándalos se están apoderando de ella.

– El tren es un valor recurrente en sus libros… ¿qué hay en ellos que lo inspira?
A diferencia del avión, que simplemente transporta al pasajero, el viaje en ferrocarril cruza paisajes, ciudades, confines y permite la observación. Hasta la llegada del coche, el tren representaba la única posibilidad para hacer largos viajes. Para mí el tren significa «viaje» en el verdadero sentido de la palabra. El tren te deja la libertad de mirar el paisaje, hacer fotos, pensar en lo que ves, y también conocer personas que viajan contigo. Y también espiarles, robar un poco de intimidad o imaginar indicios, como hacía mi abuela!

– Entiendo que ha conocido a Marcello Peranizzi, cuénteme de él…
Después de terminar la novela he conocido a Marcello Peranizzi. Es extraordinario que él se parezca a como había imaginado a Romeo, tanto físicamente como a nivel de carácter. Es una persona sensible y atenta, y le tiene mucho cariño a la estación donde nació. Le regalé una copia del libro y le rogué que me dijera si leyendo la novela había sabido recrear el sentido de comunidad y el pasar de la vida en Fornello. Después de unos días me llamó por teléfono y me contestó: “¡¡¡de sobra!!!”. Fue tal la emoción que me conmoví.

– ¿Cuál ha sido su vínculo con la escritura? ¿Cómo se inicia?
Empecé a escribir gracias a los libros de mi padre. Desde pequeño me gustaba ver esas formas hechas de papel ordenadas sobre las estanterías aunque no supiera qué eran. Cuando aprendí a leer para mí fue como una enfermedad. A los 16 años quise escribir novelas policíacas ya que me gustaban Rex Stout, Erle Stanley Gardner, Ellery Queen. Luego descubrí a Simenon y todo cambió: empecé a percibir la tentación de escribir.

– ¿Es buen lector?
No tengo tanto tiempo como me gustaría tener para leer. Pero en cuanto me jubile, mi sueño es estar delante de una chimenea, junto con mi perro, y leer.

– Sugiérame una especie de «fondo de armario» de aquellos libros que no debería perderme…
Me gusta mucho Mario Rigoni Stern por su estilo seco y porque habla de personas humildes abrumadas por grandes eventos. “Historia de Tönle” es una obra maestra. “El juego de los reinos” de Clara Sereni, es una gran novela familiar. “El levantamiento del cabo Asch” de Hans Hellmut Kirst. “El tren estaba a tiempo” de Heinrich Böll. “Sol quemado” de Elvira Dones, una escritora albanesa muy buena. “Triste, solitario y final” de Osvaldo Soriano…..

En esa estación aislada y poco frecuentada de la obra de Casadio nace el hijo del protagonista, que crece inmerso en la naturaleza. Mientras tanto, la historia continúa su curso e incluso el plan los eventos se inclinan cada vez más. Una noche de diciembre de 1943, un convoy diferente de otros borra el aislamiento. Transportamos hombres, mujeres, niños. Se dirige a Alemania. Y allí el paisaje toma otros tonos.