El mundo deberá revalorar la inversión en investigación científica luego de la Pandemia.

Durante 2002 y 2003 hubo epidemias de coronavirus, en los que diversos científicos estuvieron trabajando. Luego, cuando disminuyó la epidemia, debieron dejar de lado la investigación por decisiones de no financiar dichas investigaciones. Hoy el COVID-19 nos muestra la importancia de que se reconsidere la inversión en la investigación científica para las próximas pandemias. Asimismo, se espera que haya un mayor interés por las carreras relacionadas a la Biología, Bioquímica y Ciencias Médicas.

Buenos Aires 14 de julio de 2020. A lo largo de su historia, la humanidad ha experimentado el avance de diversos coronavirus. Hoy, el COVID-19 muestra que es necesario que la ciencia avance con una solución, tanto para el actual coronavirus como para los próximos que puedan aparecer. En esta línea trabaja el Dr Gabriel Rabinovich, Bioquímico, Doctor Honoris Causa de la Universidad CAECE, quien además forma parte del grupo de los noventa investigadores que están desarrollando protocolos de emergencia para la utilización del plasma de pacientes convalecientes del COVID-19 a pacientes que tengan la enfermedad. Este grupo de científicos argentinos y uruguayos, médicos y de otras profesiones que trabajan ad honorem, es dirigido por la reconocida Dra Laura Bover, bajo el nombre de CPC-19 (Convalescent Plasma COVID-19).

El Dr Gabriel Rabinovich afirma: “Las últimas noticias respecto a inmunidad son bastante auspiciosas. Pacientes que se están recuperando o que se han recuperado de la enfermedad con PCR negativo, cuando ya han cumplido el ciclo de infección después de los 28-30 días, han demostrado tener una inmunidad mediada tanto por anticuerpos como por linfocitos T. Esas dos herramientas son fundamentales para poder erradicar el virus y generar vacunas efectivas. Los anticuerpos neutralizan al virus y los linfocitos T de memoria son los responsables de una respuesta más rápida ante una infección”.

En relación con el plasma de pacientes convalecientes, surge de la siguiente premisa: Después de que un individuo se infectó con el SARS-CoV-2 (covid19), aproximadamente a una semana, su sistema inmunológico empieza a desarrollar anticuerpos que tienen la función, entre otras, de bloquear el ingreso del virus a las células y, finalmente, eliminarlo. Es así como una vez que fue recuperado ese paciente de la infección, pese a ya no tener más el patógeno en su organismo, puede continuar teniendo en la sangre los anticuerpos específicos. Es por esto que ese plasma puede ser usado para hacer transfusiones a pacientes que se encuentran en estado crítico y que no responden a otros tratamientos o que potencialmente podrían estarlo por sus factores de riesgo.

“Creemos que, mientras no existan drogas efectivas para combatir el COVID-19, ni una vacuna para prevenirlo, la transfusión de plasma de convalecientes con alto título de anticuerpos neutralizantes puede ser una alternativa terapéutica válida para pacientes en estado crítico que no responden a otros tratamientos”, comenta el Dr. Rabinovich.

En otras pandemias y enfermedades infecciosas ya utilizaron esta terapia con diversos resultados. El plasma es importante, pero es a corto plazo, es una solución inmediata y urgente. Tiene un conjunto de anticuerpos que reconoce distintos fragmentos de la molécula. Se ha utilizado para muchas otras enfermedades anteriormente, por ejemplo, para enfermos de fiebre hemorrágica se utilizó plasma de pacientes recuperados, disminuyendo la mortalidad significativamente, tal es el caso del virus Junín en Argentina, y para el Ébola, etc.

También se están conociendo determinados escenarios de cómo hace el virus para actuar, tanto en pacientes que van a tener un curso leve o moderado de la enfermedad como en aquéllos que tienen una transición a una crisis respiratoria severa. Estos últimos son los casos más graves y se ha visto que el virus actúa generando en forma progresiva una linfopenia: una disminución muy grande de linfocitos. Los científicos están analizando cómo se explica este marcador de mal pronóstico. Es decir, que el paciente que ya comienza a tener una disminución de linfocitos apenas comienza la infección y en la transición entre el día 7 y 8, son pacientes que seguramente tendrán tormenta de citoquinas y las citoquinas van a causar una respuesta inflamatoria exacerbada y el síndrome de distrés respiratorio y quizá una falla multiorgánica. Es una cascada inflamatoria que se hace desmedida y que se exacerba y empieza a dañar tejidos. Es así como la búsqueda más importante es la de marcadores, que indiquen si un paciente que llega a un hospital, tendrá una evolución positiva o una evolución negativa.

Rabinovich trabaja desde la ciencia básica en la búsqueda de nuevos tratamientos para enfermedades inflamatorias, autoinmunes y cáncer, trabajo que viene realizando junto a su equipo de Rabinovich Lab, por más de 20 años. Su investigación se centró en comprender la compleja relación entre el sistema inmunológico y los tejidos tumorales, y se basó en el descubrimiento de la Galectina-1, que ataca a los linfocitos T y otras células del sistema inmune. Demostró que si se bloquea la Gal-1, desaparece la capacidad inmunosupresora del cáncer.

Es así como “aun cuando se pueda atenuar el impacto de esta pandemia, es necesario contar con nuevas terapias para otros coronavirus. Porque sabemos que no va a ser el único que va a aparecer ni va a ser la última pandemia. Queremos tener lista una terapia como tendría que haber sucedido con otros coronavirus. Por lo tanto, la idea es seguir trabajando en agentes antivirales bloqueantes de la entrada de virus y en compuestos anti-inflamatorios que frenen la respuesta inflamatoria dañina sobre el pulmón para poder tener una solución a largo plazo y para lo que se pueda presentar en el futuro incierto. Un fármaco que tenga características antivirales y antiinflamatorias, es nuestro blanco”, concluye el Dr. Honoris Causa de la Universidad CAECE.

Gabriel Rabinovich es Doctor Honoris Causa de la Universidad CAECE, Doctor en Bioquímica, Investigador Superior de CONICET, Director del Laboratorio de Inmunopatología, e Inmuno-Oncología Translacional y Profesor Titular de la FCEyN- UBA. Ha sido distinguido como como Miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos (NAS) y ahora es integrante del grupo conductor de CPC-19. Sus trabajos han sido publicados en revistas científicas prestigiosas como Nature, Nature Medicine, Cell y Journal of Experimental Medicine entre otras.

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