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La Venus de Médici, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. En el Jardín Botánico.

Venus

La observación de Venus se remonta a los principios del interés en las culturas humanas por el cielo celeste. Venus es el astro más característico en los cielos de la mañana y de la tarde de la Tierra (después del Sol y la Luna), y es conocido por el hombre desde la prehistoria.

Venus es el segundo planeta del sistema solar en orden de distancia desde el Sol, el sexto en cuanto a tamaño, ordenados de mayor a menor. Al igual que Mercurio, carece de satélites naturales. Recibe su nombre en honor a Venus, la diosa romana del amor (gr. Afrodita). La temperatura media de Venus es de 463,85 ºC).

Venus en el Jardín Botánico, La Venus de Médici.

Reproducción en mármol inspirada en la célebre “Venus” de la Villa Medici.

La ubicación que le dieron en el Jardín Botánico, producto de una  cabeza reprimida, es una de los peores emplazamientos que se le a dado a esta obra, ubicada sobre un gran cantero lleno de plantas y alejada de los caminos Venus es desapercibida a simple vista, y teniendo en cuenta que la puerta de Plaza Italia está cerrada por esas ideas retrogradas de una sola puerta, los turistas no le sacan fotos, prueba de ellos, es que casi de 5000 fotos de el hashtag del Jardín Botánico Venus no aparece nunca.

La Venus de Médici

La Venus de Médici es una escultura helenística en mármol a escala real  que representa a la diosa Venus o Afrodita. Se trata de una copia en mármol del siglo I a. C., hecha quizás en Atenas, de un original griego en bronce, siguiendo el tipo de la Afrodita púdica, que habría sido realizada por un escultor en la inmediata tradición de Praxíteles, quizá a finales del siglo. Se ha convertido en uno de los puntos cruciales del progreso de la tradición clásica occidental, cuyas referencias resumen los cambios de gusto y el proceso de investigación clásica.  Se exhibe en la Galería Uffizi, en Florencia (Italia).

Venus

Se trata de un desnudo artístico femenino con el cuerpo cubierto parcialmente por un tenue velo que evoca a Venus, diosa de la Belleza.

La Venus de Medici (circa 100 AC), fue documentada por primera vez en 1638 en la Villa Medici de Roma. Está firmada por Cleomenes, hijo de Apolodoro, pero en el siglo XVIII su fama como modelo de belleza femenina era tan grande que se dudó de la autenticidad de la firma y se atribuyó la estatua a nombres tan ilustres como Fidias y Praxíteles (con cuya Afrodita de Cnido tiene cierto parecido en la pose).

Aunque hay varias Venus esculpidas –es una de las antigüedades más copiadas de la historia del arte-, la original Venus de Medici supera a todas en fama. Fue uno de los botines más valiosos que Napoleón se llevó a Francia cuando Italia estaba bajo su yugo, donde la mantuvo entre 1803 y 1815.

Lleva la inscripción griega CLEÓMENES HIJO DE APOLODORO DE ATENAS en su base  La inscripción no es original, pero en el siglo XVIII el nombre «Cleómenes» se grababa sobre esculturas de modesta calidad para aumentar su valor, mientras se dudaba de la inscripción en la Venus de Médici para poder atribuir la obra a uno de los diversos nombres de mayor consideración: aparte de Praxíteles, los menos probables Fidias o Escopas.  Las restauraciones de los brazos fueron realizadas por Ercole Ferrata, quien le dio dedos manieristas largos y finos que no empezaron a ser reconocidos como fuera de lugar en la escultura hasta el siglo XIX.

La Venus de Médici es una de la antigüedades más copiadas. Luis XIV de Francia tuvo no menos de cinco, mármoles de Carlier, Clérion, Coysevox y Frémery, y un bronce de los hermanos Keller.  Copias en plomo de la Venus de Médici están presentes en muchos jardines ingleses y europeos, a veces protegidas en templetes.









Mitología

Venus fue la diosa del amor, la belleza y la fertilidad de la mitología romana a quien se adoraba y festejaba en muchas fiestas y mitos religiosos romanos. Desde el siglo III a. C., la creciente helenización de las clases altas romanas la identificó con la diosa griega Afrodita. Era la esposa de Vulcano.

Julio César la adoptó como su protectora y Virgilio, como halago a su patrón Augusto y a la gens Julia, señaló que Venus era el ancestro femenino del pueblo romano a través de su legendario fundador Eneas y su hijo Ascanio.

Venus era identificada con la diosa griega Afrodita y la etrusca Turan, tomando aspectos prestados de ambas. Como con la mayoría de las demás deidades del panteón romano, el concepto literario de Venus está cubierto por las ropas tomadas de los mitos griegos literarios de su equivalente, Afrodita. La anterior diosa etrusca o latina de la vegetación y los jardines pasó a ser relacionada deliberadamente con la griega Afrodita.  Sin embargo, según la Eneida de Virgilio, como equivalente romano de Afrodita, Venus no llegó a tener una personalidad tan marcada en su sensualidad o crueldad como la griega,  aunque conservara sus atributos y símbolos, como la manzana dorada de la discordia.

Lucrecio también dedica a Venus su De la naturaleza de las cosas (De rerum natura), su famoso poema, en las primeras líneas, donde ella trae a la humanidad por azar, una visión que, a nivel molecular, y despojado de su antropomorfismo, es equivalente a lo descubierto por la ciencia moderna.  En algunos mitos latinos Cupido era hijo de Venus y Marte, el dios de la guerra.

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La inspiración mitológica de Venus

El planeta Venus ha inspirado numerosas referencias religiosas y astrológicas en las civilizaciones antiguas.

El pueblo mapuche lo representa con el guñelve, una estrella octogonal, la cual usó en su bandera durante la Guerra de Arauco contra la Conquista española. Fue agregado después con diseño masónico pentagonal en el cantón del actual pabellón chileno, adoptado en 1817.

La inspiración mitológica de Venus se extiende también a obras de ficción como:

En El Silmarillion, de J. R. R. Tolkien, base mitológica de El Señor de los Anillos, Eärendil porta en su frente uno de los tres Silmarils, y viaja con su barca por el cielo por mandato de Manwë para ser la luz de la esperanza para los hombres, dando de este modo una explicación mitológica a Venus.

En tiempos más modernos la ausencia de detalles observables en su superficie era interpretadas desde finales del siglo XIX como evidencia de grandes nubes que ocultaban un mundo rico en agua en el que se especulaba la presencia de vida extraterrestre (seres venusianos) siendo un mundo utilizado frecuentemente en las historias de ciencia ficción de los años 1920 a 1950, así por ejemplo en la obra de Olaf Stapledon de 1930 titulada First and Last Men, se proporciona un ejemplo ficticio de terraformación en el cual Venus es modificado tras una larga y destructiva guerra con sus habitantes nativos. Stanislaw Lem escribió en 1951 Los astronautas en la que refiere un viaje espacial a un Venus imaginario aún no conocido por las sondas enviadas unos años más tarde. También varios relatos cortos de Ray Bradbury, como The Long Rain («La larga lluvia», 1950), relato en el que se basará parcialmente la película The Illustrated Man (El hombre ilustrado, 1969) de Jack Smight, y All Summer in a Day (1959) describen a Venus como un planeta húmedo y potencialmente habitable. Una de las últimas muestras de esta narrativa representando ese Venus pantanoso fue la novela de Isaac Asimov Los océanos de Venus protagonizada por Lucky Starr, de 1954.

Algunas obras más recientes que tratan de manera más realista el planeta son:

El autor de ciencia-ficción Paul Preuss escribió en su serie de novelas Venus Prime sobre la hipótesis de un Venus habitable hace mil millones de años, que dejó de serlo a causa del vapor de agua inducido en su atmósfera por el bombardeo cometario, que produjo una reacción en cadena de efecto invernadero. Esta hipótesis se puede encontrar en el sexto libro de la serie, traducido en español como Los seres luminosos.

En su novela 3001: Odisea final, Arthur C. Clarke sitúa a un grupo pionero de científicos en la superficie de Venus, resguardados bajo tierra, mientras cometas procedentes del cinturón de Kuiper son arrastrados a una órbita de colisión con el planeta para aumentar su aporte de agua y reducir la temperatura.

En la película de animación japonesa The Venus Wars de 1989, dirigida por Yoshikazu Yasuhiko, la acción transcurre en un Venus terraformado espontáneamente tras el impacto de un gigantesco cometa de hielo en el planeta.

Otras películas de ciencia ficción centradas en el planeta Venus son Queen of Outer Space («La Reina del Espacio Exterior», 1958) de Edward Bernds, Der Schweigende Stern («La Primera nave espacial a Venus», 1959) de Kurt Maetzig, basada en un relato de Stanislaw Lem, Los astronautas (1951), y Планета Бурь («El planeta de las tormentas», 1962) de Pavel Klushantsev.

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