Pasaje san mateo

El Pasaje San Mateo del Barrio de Palermo.

Los enigmas barriales llegan siempre de misterios vecinales, sus parroquianos y sus comerciantes, el pasaje es famoso por que los patrulleros de la 21 doblan por Salguero para tomar Julian Alvarez y llegar más rápido a la taquería, teniendo en cuenta que Charcas no es mano, dentro de la parafernalia del pasaje está el edificio más grande de la calle el estacionamiento denominado Garage Pasaje San Mateo.









El vecino más famoso de la cuadra fue un tipo que desapareció del mapa y su nombre es Ricardo, que  alquiló durante años un local donde arreglaba heladeras, lavarropas y aires acondicionados. Un día ya nadie supo más de él tenía la voz ronca probablemente de una operación de traqueotomía. Los vecinos de la zona nunca más supieron nada.  No hay mucho más. pasando la esquina y llegando a Julian Alvarez hay edificios y comercios de larga data, a la espalda está Salguero en esa cuadra vivían los Moura del grupo Virus. Quizas lo incomprensible lo podrían encontrar en alguna letra de Virus, es seguro que Federico camino el pasaje para inspirarse.

Transitar las calles de Buenos Aires puede convertirse en una experiencia única y encantadora cuando se descubre un pasaje. Los más de cien pasajes porteños sorprenden y despiertan en quienes los visitan sensaciones únicas e inspiradoras. Cada uno revela una época determinada, con sus historias, leyendas, costumbres y magia.

Construidos entre 1880 y las primeras décadas del siglo XX, los pasajes nacieron como respuesta a un incipiente problema habitacional. A raíz de la epidemia de fiebre amarilla, en 1871, las clases altas abandonaron el sur de la ciudad y se dirigieron a la zona norte, iniciándose así un proceso de densificación urbana. Entonces, hacia 1880 la inclusión de calles interiores que permitan aumentar el número de viviendas se advirtió como una solución. Los pasajes, de acuerdo a su diseño, se denominan: en cul de sac (callejón sin salida), en forma de U o de L; peatonales, vehiculares o mixtos; cubiertos o a cielo abierto, públicos o de acceso restringido.









Si bien hay más de cien pasajes en Buenos Aires, algunos se destacan más que otros. El Pasaje San Mateo no se destaca en nada. El pasaje es en verdad una calle interna que penetra en el corazón de la manzana. Está compuesto por edificios de tres cuerpos con retiro de fachada y una antesala común de jardines. Su piso es de adoquines y su atmósfera envuelve

San Mateo

 Evangelista y uno de los doce apóstoles de Jesucristo. La tradición cristiana le atribuye la autoría del primero de los Evangelios llamados sinópticos (los de San Mateo, San Marcos y San Lucas).

Mateo residía en Cafarnaúm, ciudad de una gran importancia comercial por estar situada en la gran ruta recorrida por las caravanas en sus viajes entre Siria y Egipto, y, también, a causa de su proximidad a la frontera que separaba el territorio de Filipo del de Herodes Antipas. Mateo ejercía como recaudador de impuestos en nombre de este último.

De acuerdo con el propio evangelio de San Mateo (9:9) y el de San Marcos (2:14), Mateo se hallaba en su despacho de recaudación de tributos en Cafarnaúm, junto al mar de Galilea, cuando Jesús le dijo: «Sígueme.» San Mateo respondió con admirable prontitud a la exhortación al apostolado del Maestro: se despidió con un suntuoso banquete de sus amigos y de su vida pasada y siguió, pobre, los pasos y la doctrina de Jesús de Nazaret.

Como la ocupación de Mateo, recaudador al servicio de Herodes Antipas, tetrarca de Judea, era mal vista y aun despreciada por el pueblo judío, los fariseos criticaron a Jesús al verlo comer con los publicanos y los pecadores, a lo que Jesús contestó: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Marcos 2;15-17). Se supone que Jesús le impuso el nombre de Mateo, que significa «don del Señor»; antes de seguirle, Mateo era llamado Leví o Leví de Alfeo, es decir, hijo de Alfeo.

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